A nosotros nadie nos traicionó

El ámbito era propicio, auguraba el aplauso fácil y estruendoso. El 50° coloquio de IDEA, efectuado hace pocos días en el Hotel Sheraton de Mar del Plata, reunía a lo más representativo del capital concentrado nacional y extranjero junto a los candidatos opositores ávidos de su apoyo. El discurso inaugural de su presidente, Miguel Blanco, marcó el tono, con escasísimas excepciones, de las intervenciones que le sucedieron. Más que un debate de ideas sobre los modelos económicos en pugna fue un pliego de condiciones para los presidenciables de la oposición a los que se invitó, con la prepotencia de los que se consideran dueños del país, a adherir sin beneficio de inventario. Pliego, que por supuesto, propugnaba la vuelta al pasado del Consenso de Washington que tanto daño provocó al país, especialmente a sus sectores populares y medios.

El atildado abogado Daniel Sabsay, vestido informalmente, -abandonando el acartonamiento que caracteriza a su gremio-, percibió el clima de la sala, subió al estrado y lanzó un virulento discurso en relación a diversos aspectos de la gestión presidencial, con furibundas expresiones despreciativas no solo hacia el accionar del gobierno nacional, sino en lo personal a funcionarios de alto rango.

Naturalmente, fue aplaudido y festejado por la concurrencia. Se podrá coincidir o no en las apreciaciones sobre la política gubernamental. Lo que resulta inaceptable es lo burdo de los ataques y las calificaciones, en particular en lo que refiere a su condición de judío. Y sobre esto deseamos pronunciarnos.

En un momento de alocución dijo: “Estoy avergonzado del canciller que tenemos, es un traidor a su esencia. Un ser indigno que fue a negociar con un tipo como Mahmud Ahmadineyad que negaba el Holocausto, lo digo como judío, me da vergüenza. No lo tendríamos que dejar entrar a ningún lado a ese sátrapa. Este atorrante se sentó con quien niega el Holocausto.” ¿Traidor a qué esencia? ¿Desde cuándo los judíos responden a una esencia? ¿Quién determina cuál es la esencia? Hoy nadie duda que hay diversas maneras de asumir el judaísmo. Pretender reducirlo a una “esencia” es repotente y perverso y solo tiene por finalidad mantener amarrados a los judíos a los dictados del establishment comunitario.

Sabsay pretende condicionar las decisiones soberanas del gobierno nacional estableciendo con quién hay que negociar y con quién no. ¿No se enteró que el gobierno de EE.UU. negoció con Irán la liberación de los rehenes retenidos en su embajada de Teherán durante 444 días tras la llegada de los ayatolas al poder? ¿Y que actualmente integra el grupo de los 5+1 que negocia con Irán un acuerdo nuclear? Más allá de que el propósito del gobierno nacional no se haya podido concretar -las responsabilidades recaen sobre la otra parte que no ha movido ni una sola pieza en este juego- el acuerdo entre nuestro país e Irán fue un intento por avanzar en la determinación de dar una respuesta al clamor de justicia de las víctimas. Y lo que más parece molestar a quienes se opusieron, entre ellos el Dr. Sabsay, es la actitud de independencia con que se actuó, por fuera de los límites impuestos por la diplomacia del gendarme mundial.

Sabsay, como jurista, debería saber que la sola imputación del fiscal Nisman no es condición suficiente de certeza para asegurar la complicidad o participación iraní en el atentado a la AMIA. El fiscal basó su acusación en “investigaciones” efectuadas por personajes que, como es de público conocimiento, terminaron procesados por las irregularidades cometidas. Cabría recordar, asimismo, que se trata del mismo fiscal que fue permeable a las indicaciones de la Embajada de EE.UU. de dedicarse a la pista iraní y dejar de lado la conexión local (ver Argenleaks, de Santiago O ́Donnell).

En su desenfreno verborrágico, comparó al gobierno con el régimen nazi, a la vigencia del axioma amigo-enemigo de Goebbels, lo que volvió a ratificar en declaraciones posteriores a la prensa al afirmar “Esto es igual a lo que se hizo conla Unión Soviética o el nazismo”. Si este gobierno es equivalente al nazismo ¿cómo calificaría a la dictadura genocida cívico militar? Esta burda e indignante banalización del Holocausto no mereció ninguna declaración condenatoria de la DAIA, AMIA yotras instituciones que se la pasan hurgando hasta bajo la cama, y está muy bien, cualquier manifestación en ese sentido. ¡Vergüenza!

Dr. Sabsay. ¡A nosotros nadie nos traicionó!

Firmas: Dip. Edgardo Form, Szmukler, Beinusz, Rofman, Ricardo, Halperin, Jorge y muchos mas…

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