1943 – 19 de abril: LEVANTAMIENTO DEL GHETTO DE VARSOVIA – 2016

Los que matan son los asesinos. Al genocidio judío no lo produjo el pueblo alemán; lo produjeron los asesinos que había en Alemania. Y lo que hay son ideologías asesinas, ideologías que a partir de la proclamación de alguna supuesta superioridad proclaman el uso del terror como método político, justifican la violencia, incitan a la muerte, y provocan los genocidios.

No hay un genocidio judío ni un genocidio armenio ni un genocidio palestino, ni un genocidio argentino (como el que el terrorismo de estado de la dictadura cívico militar produjo entre los años 1976 y 1983), ni un genocidio a los pueblos originarios de América. Cada uno de estos genocidios es un genocidio “a la Humanidad”; significan que toda la humanidad ha sido herida por esas fuerzas del mal a las que invitaba el fascista Millán Astray y ante las cuales, valientemente, se paraba para enfrentarlas Miguel de Unamuno. Por eso son crímenes de lesa humanidad.

Frente a la posibilidad de que llegaran a surgir cualesquiera de estas ideologías del odio, del horror, del terrorismo, de la destrucción del otro, los grandes remedios son la democracia, la justicia – porque la impunidad duele y mata- y el coraje cívico de los hombres que conducen la sociedad para transformarla en aras del bienestar de las mayorías, de aquellos que han sido despojados de todo y que solo tienen el amparo de los gobernantes.

Los genocidios, las masacres, las matanzas y los holocaustos son producto de los autoritarismos; el mejor antídoto que hay contra ellos es la democracia, una democracia profunda, amplia, de contenido popular y sentido emancipador. Estamos convencidos que esto es fundamental y sobre el que tenemos que reflexionar seria e intensamente, porque a veces no nos damos cuenta del valor que tiene vivir en el sistema democrático y en un estilo de vida democrático, dentro del estado de derecho con la vigencia de los derechos humanos.

La memoria es una red que une, un tejido que sostiene y que nos conecta de una manera particular; con colores distintos, con emblemas diferentes, con sensaciones disímiles, pero que tienden a encontrarse mas allá de la diversidad. La memoria salva, rescata; nos hace seres humanos porque nos convoca y nos une para siempre; nos cambia la vida y nos saca de la indiferencia. La memoria bautiza de nuevo a los sufridos, a los fusilados, a los gaseados, a los mutilados, a los incinerados, a los perseguidos, a los torturados, a los humillados. La memoria sosiega las conciencias, inflama los corazones, nombra a los muertos, protege a los débiles, cuida a los desvalidos, anima a los sobrevivientes.

La memoria es mucho más fuerte que el miedo. La memoria es mucho más fuerte que la muerte. Y si no fuese así, basta con mirar esto: aquí estamos, juntos, conmovidos, en este recuerdo de comunión colectiva, unidos mas allá de las diferencias que tengamos. Nada más y nada menos que liberando a seres humanos, seres como nosotros, de la muerte que jamás pensaron morir, a la que nunca debieron partir y a la que fueron conducidos mas allá de su voluntad por la violencia.

La memoria no es automática, no es un dato biológico. La memoria, como el olvido, se construye obstinadamente, consecuentemente, cotidianamente, humanamente. No nace espontáneamente, sino que se hace. Es una labor eminentemente humana. Quien quiera despojarnos de la memoria no podrá, porque nosotros, casi con obsesión y obcecación, la seguiremos levantando, ladrillo a ladrillo, palabra a palabra, abrazo tras abrazo. Hoy nosotros, ayudados por la memoria, de la mano de la justicia y la verdad, vamos en busca de la belleza, de la paz, del sosiego. No en forma pasiva, sino vivamente; no la esperamos: la buscamos. Construimos la memoria arduamente, laboriosamente, porque tener memoria implica cierta terquedad, requiere cierta insistencia, cierta testarudez, cierto arrojo, cierta incertidumbre que nos conmueve y nos agita.

El ICUF (Idisher Cultur Farband / Federación de Entidades Culturales Judías de la Argentina) reivindica como suyas las palabras de los héroes del Ghetto, héroes que eran chicas y muchachos de carne y hueso, jóvenes soñadores como cualquiera de nosotros, pero que vencieron sus limitaciones humanas para transformarse en paradigmas de la liberación y la decencia. ¡Por nuestra y vuestra libertad! ¡Nunca más! no son sólo palabras: son un programa para la acción, una invitación, una proclama, un viento fresco y suave que renueva y estremece.

Mir zainen do! (en idish; en castellano “Aquí estamos”) dijeron los combatientes del Ghetto. Mir zainen do debemos decir nosotros ante un presente que momentáneamente nos apabulla, pero que no es el final, sino solo una escala en un nuestro camino hacia una sociedad justa, libre, digna, plena.

Prof. DANIEL SILBER | Presidente
Sr. MARCELO HORESTEIN
 | Secretario

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