Un homenaje más que emotivo

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Palabras pronunciadas por Marcos Saal en el Acto Homenaje a los desaparecidos de ACIC y los 30.000:

Cuando marchamos, en cada marcha, o asistimos a cada acto, en el cual se recuerda a los compañeros detenidos desaparecidos por aquella que hoy esperamos que haya sido  la última dictadura fascista, conducida y amparada por el complejo militar con el apoyo de los sectores más retrógrados de nuestra sociedad civil y de la iglesia, siempre surge el llamado.

Treinta mil compañeros detenidos desaparecidos, presentes, ahora y siempre, es este mucho más que un llamado, es mucho más que un recuerdo.
Este es el reconocimiento de su presencia actual en la lucha por una sociedad más justa, esa misma lucha que provocó sus desapariciones físicas, pero que fue solo un capítulo en la batalla en la que nunca fueron derrotados, en la que nunca fuimos vencidos.

Porque solo se vence a los que dejan de luchar, solo se derrota a los que aceptan asumir una derrota. Y ni aquellos a los que hoy homenajeamos, ni nosotros, los que hoy hacemos este acto de homenaje dejamos de luchar, podemos asumir el dolor, pero no vamos a asumir ninguna derrota.

Comprender que la construcción de una sociedad inclusiva, en donde a todos y cada uno se reconozcan los derechos, a la vida, a la salud, a la alimentación, a la educación, a un techo; donde se respete la dignidad sin discriminación, alguna es el objetivo más alto que se puede proponer cualquier ser humano, es entender porque no aceptaremos lo que quieren llamar derrotas.

A lo largo de los años, trataron de convencernos de distintas derrotas, desde la muerte de las ideologías hasta la muerte de nuestros compañeros, pasando por los levantamientos militares en contra de la naciente democracia en la década de los 80, o el indulto de los 90, por citar apenas algunos ejemplos.  Pero las condenas a los genocidas, alcanzadas tras la insistente perseverancia en la búsqueda de verdad y justicia, dan cuenta de que no nos han derrotado.

Y hoy estamos aquí para homenajear, entre tantos otros, especialmente a David Coldman, a Sara Wainstein de Coldman, a Marina Coldman, a Sergio Bustillo, a Hugo Kogan, a Rubén Goldman, al Nona, Carlos D’Ambra.

Pero, no son ellos los únicos a quienes homenajeamos.
Cuando hablamos de esa dura batalla que empezó  desde temprano en los 70, hasta los primeros 80, pensamos en nuestros muertos, en nuestros desaparecidos, los de esta Institución y todos los del pueblo, pero también hablamos de los sobrevivientes, todos los familiares y amigos, todas aquellas personas que sufrieron detenciones, persecusiones, torturas y que pudieron emerger vivos de la oscura noche dictatorial. Y homenajeamos también a los que durante esa misma noche activaron en la lucha, y siguieron y siguen reclamando por memoria, verdad y justicia, que es lo mínimo que se les debe a nuestros detenidos, a nuestros desaparecidos, a nuestra sociedad toda.

Que es un crimen de lesa humanidad, sino un crimen, multiplicado al infinito?
Los crímenes de lesa humanidad victimizan grandes sectores de la población, o a la población toda, son ejercidos por sectores que se hacen del poder, y ejecutan estos crímenes a forma de genocidio. Entonces, David Coldman, su esposa  Eva Wainstein de Coldman, Marina Coldman, Ramiro Bustillo, Hugo Kogan, Rubén Goldman o Carlos, el Nona D’Ambra son parte de las victimas, como lo son  todos los 30000, como lo son cada uno de los sobrevivientes, como lo somos todos.
Queda entonces felicitar a quienes lograron que los asesinos, torturadores, violadores fueran juzgados y condenados, aunque esa lucha continua.
Queda comprender que nuestras víctimas son bandera de Banderas, la bandera de la solidaridad, la de la lucha, la bandera de la inclusión, la de la educación, la de la alegría que no debemos dejarnos robar, por nadie que quiera apropiarla, por nadie que quiera ensuciarla, por nadie que quiera disfrazarla. Porque la alegría es bandera de un mundo más justo, que es la bandera por la que nuestra gente, nuestros amigos, nuestros desaparecidos dejaron la vida, para convertirse en banderas.

Porque en esta ciudad, y en todo el país, hoy se hacen marchas, por otros víctimas. Los estudiantes de la noche de los lápices, y en esas marchas, como en este acto, participamos todos, entendiendo su compromiso, defendiendo su memoria, que como parte de la memoria de todo lo que pasó, nos debe permitir llegar a la verdad, y exigir justicia, como requisito indispensable para construir un mundo mejor.

Podría escaparme por mil caminos de la memoria, tengo muchos recuerdos con algunos de ellos, pero prefiero solamente traer las formaciones de nuestro Kinder club, en donde todos los pibes alborotábamos, con la energía de nuestros tempranos años, y el llamado a silencio era el puño en alto, el símbolo de la lucha, el que todo mundo, a sabiendas o no, respetábamos.

Y es nuestro Kinder una de las actividades que pese a algunas interrupciones, florecen en nuestra Institución, transmitiendo aún los mismos contenidos de solidaridad, de compromiso, de fraternidad en los que nuestros compañeros se formaron. Y son los mismos contenidos que intentamos transmitir en nuestras actividades, cualquiera sea su naturaleza.

Esta Institución, fue parte de la formación de aquella generación de jóvenes dignos y valientes. Y lo fue antes y después. Y lo sigue y seguirá siendo

La solidaridad, el compromiso, la defensa de la vida y la dignidad, que son los mismos que hoy nos obligan a denunciar, ya no sólo el carácter neo liberal del gobierno que detenta el poder desde diciembre del año pasado, carácter este que está a la vista, sino también, el intento de retorno a la naturalización y la convivencia con las ideas, de intolerancia, discriminación y odio, esas que impulsan los sectores fascistas que representan lo más terrible, retrógrado, oscuro y perverso de la sociedad.
Es en este sentido en el que se conduce, desde el primer día este gobierno, empezando por el ataque nazi a la manifestación de mujeres en un congreso en Mar del Plata, la presencia de los militantes del neo fascista partido “bandera nacional” en la casa rosada, la autorización a esa misma organización a que de charlas en colegios secundarios del partido de Morón (que gobierna el ex-esposo de la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires), las esvásticas pintadas en paredes de instituciones de la colectividad en Entre Ríos y Santa Fe, la reciente amenaza de bomba a nuestra institución hermana, el Sholem Aleijem de la ciudad de Buenos Aires.
Es esto lo que se busca con el intento de naturalización de la justicia por mano propia, con los hitos destacados de los tres recientes hechos, en donde quienes en lugar de recurrir a la justicia deciden ejercerla por cuenta propia, y son invitados hasta por el presidente y su coro de cómplices a reflexionar con sus familias, como si la violencia fuera reflexiva, y no debiera caer sobre ellos todo el peso de la ley, como debería haber caído sobre sus víctimas, si no estuvieran muertas.
Es en este sentido también, que desarrollan una política de persecución y represión  de  las libertades individuales y la independencia de la justicia, cuyo último capítulo es el intento de proscripción del juez Rafecas, o la prision de Milagro Sala con quienes expresamos nuestra solidaridad.
Políticas  estas de persecución, autoritarismo y odio que lamentablemente se reproducen en distintos lugares de la patria, y respecto de las cuales, nuevamente, debemos estar atentos, activos y vigilantes.

En el camino para llegar aquí, a expresar este homenaje, me encontré, y leí hace algunos días el dossier de prensa sobre la megacausa de la Perla, cuya sentencia se leyó el 25 de agosto pasado, dossier este que prepararon los organismos de DDHH y que, más allá de sus primeras páginas, en donde resume datos de la causa, y se establece una posición al respecto, más tarde muestra fotos e información de cada una de las víctimas cuyo martirio motivo este juicio. No pude evitar mirar las fotos y leer las breves historias de muchos de ellos, algunos de los cuales estamos especialmente recordando hoy, pero todos, seres humanos comprometidos con su realidad, sonrientes en las fotos, jóvenes, muy jóvenes la mayoría de ellos, parados todos frente a la bestia asesina, y no pude menos que estremecerme. Re leí las apretadas síntesis de la vida de algunos de aquellos que conocí personalmente, y las de muchos a los que conozco “de nombre”. Y la nostalgia, el dolor y el orgullo me hicieron una gambeta por todos ellos, por los que no nos pueden contar la historia, por los sobrevivientes, por los que estuvieron detenidos, pero vivieron para contarla, por los que escaparon apenas de las garras del horror, por lo que ayudamos a sobrevivir la época y la historia, por los que nunca arriaron las banderas, por los que volvieron, o se sumaron para levantarlas.

Sepan aquellos que fueron victimarios, aquellos que fueron cómplices, aquellos que pretenden volver con el odio, la discriminación, la intolerancia, la opresión, que los vamos a poner incómodos, que nuestra historia y nuestras convicciones nos empujan y nos obligan. Y que no nos derrotaron, porque, como dijo el poeta, habremos de vencer la derrota.

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