SOBRE EL ATENTADO A LA AMIA

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INFORME:
El atentado contra la sede de la AMIA, el 18 de julio de 1994, sigue siendo el acto terrorista más grande de la  historia de nuestro país, y a 23 años del mismo, sigue sin esclarecer.

Existen diversas investigaciones oficiales, que no avanzan, y lo único evidente es la falta de voluntad por establecer cuáles fueron los motivos, quien llevó adelante el atentado, cuál fue el movimiento o país extranjero que vehiculizó (o en nombre del que se llevó adelante) el atentado, cuál fue la red de complicidades y encubrimientos que permitió que se llevara a cabo el mismo.

Solo se sabe que fue un atentado contra todos los argentinos, enfocado especialmente en la colectividad judía, y que hubo 85 muertos, más de 200 heridos y un país que cambió su ubicación en el concierto de las naciones, porque, a partir del atentado contra la Embajada de Israel, pero, especialmente este contra la sede de la AMIA, el país ingresó al mapa de los posibles objetivos en los conflictos bélicos donde las potencias y los traficantes de armas y miedo agitan y dirimen sus diferencias.

La investigación sobre el atentado está prácticamente estancada, pese a que en las últimas semanas apareció un nuevo rastro de ADN que se presume podría ser el del ejecutor suicida del atentado.

Esta simple frase describe buena parte de lo que sucede.
En el ámbito de la Justicia existen  dos investigaciones paralelas, una sobre el atentado en sí mismo, que, lleva adelante la UFI AMIA (Unidad Fiscal de Investigación sobre el atentado contra la AMIA) creada tempranamente durante el gobierno de Néstor Kirchner (aunque bastante tarde para el hecho del cual ya había pasado prácticamente una década) y otra respecto del encubrimiento que lleva adelante una Cámara de la Justicia Federal, y que hace más de un año se encuentra en etapa de juicio oral, sin que se haya avanzado mucho. Más adelante entraremos en detalle sobre estas investigaciones.
Además, en el marco del poder ejecutivo se creó (con el gobierno de Cambiemos) otra unidad de investigación de cuyos avances no hay demasiadas noticias (para ser más exactos, no hay casi noticias de su existencia).
Pueden aparecer, a 23 años nuevas pruebas materiales? O son pistas falsas que se plantan ahora en la causa, o son pistas antiguas que se ocultaron a la justicia. Los servicios de inteligencia deberían rendir cuentas por esto.

El atentado ocurrió por la explosión de una bomba. Eso está claro, pero aún se transita entre tres posibilidades, respecto de donde o cómo llegó dicha bomba a la AMIA, la más apoyada en el primer juicio, un auto bomba (la famosa Traffic), un contenedor de residuos de una obra de refacción que se estaba llevando a cabo en la AMIA, o que los explosivos ya estaban dentro de la sede de la mutual, ingresados, probablemente entre los materiales de esa misma obra.

En el primer juicio se dio rienda suelta a la versión del auto bomba, comprado de manos de un reductor de vehículos robados (Telleldin) a quien, a su vez, se compro una confesión a cambio de una suma cercana al medio millón de dólares, para que reconozca su participación en el contexto de un complot orquestado desde la embajada de Irán en el país. En esta causa, descolló el trabajo del ex juez Federal Juan José Galeano, los fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia, todos ellos destituidos por su actuación en este caso, y acusados en el juicio de encubrimiento (la otra causa que lleva a delante la Justicia) junto al ex presidente Carlos Menem, el ex presidente de la DAIA Rubén Beraja, y el ex comisario de la policía federal el”Fino” Palacios.

El camino de aquella investigación, hizo foco todo él tiempo en la pista iraní, siguiendo los carriles que planteó la Embajada de Israel, y que suscribió la DAIA. Pero había demasiados elementos como para pensar que también Siria podía estar implicada en el atentado, y que este había sido parte de una represalia por el incumpliendo de compromisos por parte del entonces gobierno argentino, para con los dos países de Medio Oriente.

El periodista Horacio Lutzky, en su libro “Brindando sobre los escombros”  (citado por Raúl Kollman en una nota de Pagina 12) sostiene:

“- Notablemente, mientras ya se conocen, hasta con día y hora, buena parte de los actos que borraron las pruebas que apuntaban a la posible intervención de agentes de ascendencia siria en las tareas de preparación de los atentados y en la trama de contrabando de armas del menemismo, sólo sigue siendo políticamente correcto acusar a uno de los socios, la República Islámica de Irán.

– Siria se estaba quedando sin la posibilidad de contar con la tecnología nuclear prometida y cobrada por adelantado por Menem en forma de aportes para su campaña. Irán sufrió la súbita cancelación de un contrato de provisión nuclear. Todo sucedió en el marco de un alineamiento argentino con Occidente, acorde con las presiones norteamericanas e israelíes.

– En realidad, nadie en su sano juicio acusa a la dirigencia judía por el atentado, sino por aceptar el desvío de las investigaciones, orquestado para dejar fuera de la pesquisa a sospechosos del entorno sirio de Menem, así como la connivencia previa con la red iraní de tráfico de armas y explosivos. No son responsables del atentado. Sí son cómplices de la impunidad subsiguiente.”

La duda aquí se cierne sobre cuáles serían las obligaciones que llevarían al presidente de la DAIA a censurar la difusión de información, cerrar filas sobre una investigación que en realidad dejaba fuera de la acusación a buena parte de los actores reales que produjeron el atentado, y cerrar los ojos ante la masacre que tuvo lugar delante de su propio rostro.

No podemos cerrar esta reflexión sin dedicarle un párrafo al Memorándum que firmara el Gobierno de CFK con Irán, y al difunto fiscal Nisman.

El memorándum, fue un intento de destrabar la investigación que requería el testimonio de personas que jamás se someterían a un interrogatorio ante la justicia argentina en nuestro país. Llevar esa posibilidad de interrogar a otra sede, con el acuerdo del gobierno iraní, tal vez, hubiera sumado información que ayude a juzgar lo que pasó. Dicho documento fue aprobado por el Congreso de la Nación, que regula por disposiciones constitucionales las Relaciones Exteriores de nuestro país, por lo que su firma por parte del Ejecutivo, estuvo respaldada por el Legislativo. En Irán no fue aprobado, lo que transformó a dicho memorándum, en un instrumento abstracto.

En cuanto a Alberto Natalio Nisman, su desempeño por años al frente de la UFI AMIA no aportó al esclarecimiento del atentado. La infinidad de fojas que sumó al expediente carecen de medidas específicas que aporten al desarrollo concreto de la causa, y buena parte de sus acciones son cuestionables desde la perspectiva de la dependencia para con los mismos servicios de inteligencia que participaron en el encubrimiento de la trama del atentado, y para con la embajada de Estados Unidos, dependencia impropia de la justicia independiente de un país soberano.

Reclamamos Memoria, reclamamos Verdad, reclamamos Justicia. Reclamamos el esclarecimiento del atentado.
Exigimos el cese de la impunidad que es ni más ni menos que la misma que envalentona a los sectores más reaccionarios de la sociedad a defender ideologías atroces y llevar adelante acciones de discriminacion, intolerancia y odio que atentan contra la posibilidad de vivir en sociedad con todo lo que esto implica.

Para más datos.

El gobierno de Carlos Menem se caracterizó por muchas cosas. Entre ellas, la entrega de la independencia en decisiones de política internacional, sometidas en aquel entonces a las relaciones carnales con Estados Unidos.
No hace falta aclarar que tanto para Estados Unidos, como para Israel, resultaba “conveniente” atribuir el atentado a los iraníes.
Otra de las características de aquel gobierno fue la intensa relación con el tráfico de armas que pasó, desde la presencia de Gaih Pharaon con inversiones en nuestro país, hasta la designación de Monzer Al Kassar en la aduana.
Pharaon era un magnate de las finanzas internacionales que desembarcó en nuestro país con la construcción de un hotel de la cadena Hyatt en Buenos Aires, pero cuyas principales actividades estaban vinculadas al lavado de dinero proveniente de la venta ilegal de armas.
Al Kassar, traficante de armas que cumple condena en otro país, era de origen Sirio, y se transformó en ciudadano argentino en un trámite express de un día, lo que le permitió acomodarse con funciones en la Aduana, al amparo de su familiar, el por entonces presidente de la Nación, de origen Sirio-Riojano. Al Kassar se casó con la cuñada presidencial Amira Yoma (hermana de la primera dama) incorporándose al entorno familiar presidencial en donde se lavaban los negocios más impresentables del presidente de la Nación.
Cuando Menem llego a la presidencia, en las instalaciones secretas de Falda del Carmen se desarrollaba el misil Cóndor II que era un vector de alcance intermedio, y representaba una tecnología avanzada en el campo militar para la época.
Según testigos de aquel entonces, esas instalaciones secretas fueron visitadas por Al Kassar, acompañado de otro personaje oscuro de la época, Alfredo Yabran.
Entre las acusaciones que se efectúan contra el entonces presidente, se le endilga haber ofrecido a la venta al gobierno de Irán esa tecnología a cambio de recursos económicos para su campaña presidencial., venta esta que se habría concretado, al menos en lo que a entrega de dinero se refiere. Más tarde, la política de “relaciones carnales” hizo que se entregará todo el desarrollo a Estados Unidos (incluyendo partes ya fabricadas, y planos) para su destrucción. Los compradores iraníes no quedaron muy satisfechos con la falta de cumplimiento por parte del presidente argentino, y allí radica, aparentemente, uno de los disparadores del atentado.
Como se dice más arriba en este informe, también se habría comprometido la venta de tecnología nuclear a Siria, operación, que como la de Irán, en caso de verificarse, probablemente se confirme que fue cobrada pero nunca entregada.
La trama tiene muchos perfiles más, como la venta de armas a las milicias musulmanas croatas, financiadas, entre otros por el gobierno iraní, en una maniobra, en la que aparentemente se intentó lavar de culpas el tema Cóndor II.
Mientras tanto, la conducción del Banco Central de la Republica Argentina, desarrollaba medidas tendientes a la concentración del mercado financiero en nuestro país, y las principales víctimas de ese proceso fueron los bancos cooperativos, que era el formato con el que operaba el Banco Mayo del por entonces, presidente de la DAIA, Rubén Beraja.
Salvar lo que quedaba de su fortuna, llevo a Beraja a hacer diversos negocios espurios, como la compra-venta de varias empresas, negocios estos que vaciaron lo que quedaba del banco (perjudicando a sus socios e inversores) y en los que se vio implicado, entre otros, el Sr. Elías Kanoore Edul, otro paisano del pueblo de los Yoma, la familia de la primera dama, al que el presidente riojano protegió, cuando la justicia fue a investigarlo y allanarlo.
Forman parte estos favores, de la factura que pagó Beraja con su silencio cómplice, o solo callo por seguir a ciegas las decisiones del gobierno israelí respecto de implicar exclusivamente a los iraníes en el atentado?

Nuestra expectativa esta puesta en que el juicio por el encubrimiento, arroje luz sobre estos hechos que forman parte del conjunto de cuestiones que le costaron la vida a 85 compatriotas.

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